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El niño y el elefante

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Cao Cao, el monarca del estado de Wei recibió un elefante como regalo de otro rey. Era la primera vez que las personas de su reinado veían un animal tan enorme. Cao Cao sintió la curiosidad de conocer su peso.

 

No había ninguna balanza tan grande para poner en ella el enorme elefante y ninguno de sus ministros, consejeros o sabios sabían cómo pesar al animal. Cao Chong, el hijo menor de Cao Cao, que tenía entonces cinco años, se ofreció a ayudarles. La gente internamente se burló de su iniciativa.

 

El niño pidió al monarca que hiciera subir al elefante a una barca que estaba amarrada a las orillas del río.

 

El peso del elefante hizo que la barca se hundiera parcialmente en el agua. Cao Chong se subió a otra barca y se acercó hasta la otra en donde se encontraba el elefante.

 

Se inclinó e hizo una raya en la borda de la barca señalando hasta donde llegaba el agua.

 

Después hizo que desembarcaran al elefante y que cargaran de piedras la embarcación. Cuando la braca se hubo hundido hasta la señal que había hecho antes, Cao Chong, dijo: ahora, saquen las piedras y pésenlas una a una. El peso total de las piedras es igual al peso del elefante.

 

La posibilidad de ver las cosas por anticipado y el ingenio son cualidades de la gente sabia. Pero la gente sabia no es la que necesariamente ha vivido mucho, sino la que ha sabido vivir lo que ha vivido.

 

En muchas ocasiones depreciamos el conocimiento y el sentido común de ciertas personas por considerar que no tienen los estudios suficientes, olvidando que todos los seres humanos por el simple hecho de serlo tienen un conocimiento profundo de su propia realidad.

 

Es importante tener siempre presente que todos podemos aprender de todos, inclusive de los que menos pensamos.

 

Ciertamente, dentro cada uno de nosotros se encuentra las repuestas a nuestras propias interrogantes. Sin embargo, siempre es difícil descubrir lo más obvio.

 

Fuente: REFLEXIONES DEL VENCEDOR, Michael C. Tang, (Edaf, 2001)

 

 

 

Última actualización en Jueves, 25 de Octubre de 2012 21:07  
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“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los que luchan toda la vida: esos son imprescindibles".

Bertold Bretch